Un período interesante de la historia moderna del país es la Hegemonía Conservadora de 1886 a 1930 donde diferentes tendencias del Partido Conservador alternaron el poder en medio de la segregación de los liberales, las guerras civiles, la gripe española, la pérdida de Panamá y las pugnas internas de liderazgos que han apoartado no solamente a la política sino a la cultura colombiana como Miguel Antonio Caro y Jose Manuel Marroquín, rivales radicales vitalicios. En tiempos donde la transición difícil del poder político en Estados Unidos pone de manifiesto la no asistencia de Donald Trump a la posesión de Joe Biden, se recuerda este episodio histórico y al Presidente Rafael Pinto Valderrama, el presidente que gobernó el país menos de un día.

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"EN LA MEMORIA

El presidente colombiano que se negó a entregar el mando a su sucesor

Por: Redacción Especiales

En 1898, fue presidente de Colombia durante nueve horas Rafael Pinto Valderrama. Lo hizo para complacer la pataleta del mandatario Miguel Antonio Caro de renunciar 24 horas antes de cerrar su mandato, para no entregarle el mando a su sucesor.

El anuncio del presidente Donald Trump de que no va a asistir a la posesión de su sucesor Joe Biden el próximo 20 de enero, rompiendo una tradición centenaria en Estados Unidos, trae a la memoria colombiana la historia de un presidente que prefirió renunciar a su mandato 24 horas antes de terminarlo, con el único propósito de evitarse la incomodidad de entregarle el poder a su sucesor, movido por la enemistad y el encono que le causaba el ascendido al primer mandatario.

El protagonista de esta historia fue el expresidente conservador Miguel Antonio Caro, el mismo que redactó la constitución de 1886 que duró vigente en Colombia 105 años. Un singular mandatario que gobernó con mano de hierro y censura de prensa entre 1892 y 1898 y que, al enterarse de que debía entregarle el poder a su antagonista personal José Manuel Marroquín, renunció el 6 de agosto de 1898, dando lugar al mandato más breve en la cronología de los presidentes colombianos.

Nueve horas duró como presidente el ciudadano Rafael Pinto Valderrama, que asumió el cargo a la media noche y lo entregó después de las nueve de la mañana del 7 de agosto. Según relata Héctor Echeverri Correa en su obra “Pinceladas y brochazos presidenciales”, con palabras de posesión a bordo, Pinto se despachó con un entonado discurso en el que cerró diciendo: “Es un honor muy significativo y particular que me permitan ocupar la Presidencia de la República, así sea por un lapso tan breve”.

El contexto de su breve mandato está asociado a la antesala de la devastadora guerra de los mil días que ensangrentó a Colombia entre 1899 y 1902. El presidente era Miguel Antonio Caro, primero porque el titular Rafael Núñez no quiso ejercer y se retiró a su casa de El Cabrero en Cartagena; y después porque Núñez se murió y él quedó al frente del barco. Al final de su mandato, como se había inhabilitado para aspirar a la reelección, se dio a la tarea de buscar un sucesor acomodado a su horma.

Su candidato fue Manuel Antonio Sanclemente, un venerable dirigente vallecaucano de 85 años, que después de una larga trayectoria de hombre público, en su calidad de conservador nacionalista le daba a Caro la garantía de sostener el régimen de La Regeneración sellado en la carta de 1886. Sin embargo, a la hora de asumir el cargo tras su victoria electoral sobre los liberales, estaba tan enfermo que tuvo que permanecer en su natal Buga (Valle), dando lugar a que el vicepresidente lo hiciera en su lugar.

Y aquí empezó la comedia. El vicepresidente, de 71 años, era el educador, gramático y acaudalado propietario de tierras, José Manuel Marroquín, cuya memoria se recuerda en el Castillo de Marroquín que se ve en los umbrales del municipio de Chía (Cundinamarca). El referido Echeverri relata en su libro, que primero por una diferencia pública respecto a la aplicación del gerundio y después porque Marroquín se alineó en las filas de los conservadores históricos, no era del gusto del presidente Caro.

Así que Caro, rompiendo la tradición, resolvió no le iba a entregar el poder, y como también había sacado a sombrerazos a su designado Guillermo Quintero, se dio a la tarea de encontrar la fórmula para eludir la incomodidad. Entonces apeló a los buenos oficios de su conocido Rafael Pinto Valderrama. El personaje se había iniciado en el gobierno como censor de prensa, pero en uno de los arrebatos del autócrata Caro, le dio por nombrarlo gobernador de Cundinamarca.

Con la certeza de que no estaba preparado para el cargo, Pinto le pidió al presidente que nombrara a su tío, el general Juan N. Valderrama, y qué él podía ser su secretario de gobierno. Así se hizo, pero meses después, a la primera orden de Caro desacatada, expidió el decreto 280 de 1897 para sacar al general Valderrama y posesionar a Rafael Pinto. En adelante, en calidad de gobernador, Pinto se dedicó a hacerle la segunda en su ofensiva contra los periodistas a quienes llamaba “gamonales de la pluma”.

Con tanta obediencia que terminó siendo el elegido para atender la pataleta de Miguel Antonio Caro a la hora de entregar el poder. Como lo había advertido a su círculo palaciego, renunció horas antes de cerrar su sexenio, y le correspondió a Rafael Pinto entregarle el mando al vicepresidente José Manuel Marroquín. Y como un presagio de la que venía, este gesto se convirtió en el prólogo de la crisis institucional que llevó a Colombia al abismo de la guerra un año después.

En el camino, azuzado por sus colaboradores y partidarios, el último día de julio de 1900 el vicepresidente Marroquín terminó dándole golpe de Estado al presidente titular Manuel Antonio Sanclemente, cuando ya la guerra golpeaba sin piedad. El conflicto se prolongó hasta noviembre de 1902 y un año después se produjo la pérdida de Panamá. Sanclemente murió en Villeta vigilado y cuando preguntaron a Marroquín por el desastre ocurrido, solo comentó que había recibido un país y devolvía dos".

El Espectador, 10 de enero de 2021. Enlace virtual: https://www.elespectador.com/noticias/actualidad/el-presidente-colombian...

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